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CUCHILLOS Y CUCHILLERÍA ESPAÑOLA

 

Los cuchillos forman parte importante de la historia de la Humanidad, puesto que han estado y están presentes en parte importante de nuestras actividades cotidianas; cuando preparamos la comida, cuando comemos, etc, porque siempre utilizamos el indispensable cuchillo.

Hace siglos que los cuchillos tienen una presencia fundamental en nuestra historia y no sólo como utensilio doméstico, también como valiosa arma de defensa. Así, los cuchillos abarcan un gran conjunto de bellas piezas salidas de la diestra mano del artesano cuchillero, piezas como son; dagas, cuchillos, puñales, almaradas, espadas, sables, espadines, machetes, verduguillos, cortaplumas, abrecartas, bisturís, hachas, bayonetas, tijeras, picas, estoques, estiletes, chuzos, navajas, etc.

Las navajas son las piezas que vamos a descubrir, a partir de la historia de uno de los lugares de España que solo nombrarlo evoca al utensilio, Albacete. La fabricación de navajas y otras armas blancas cortas proviene de los moriscos habitantes de esa zona manchega, ya que eran muy hábiles artesanalmente en el forjado y trabajo de los navajas y cuchillos.

La navaja clásica apareció en España a finales del siglo XVI, de forma tan generalizada y práctica que pronto se extendió por toda nuestra geografía. Convirtiéndose en arma necesaria para garantizar la seguridad ante un posible ataque inesperado, puesto que la pobreza del momento no permitía la habilitación de policía rural, ni de alumbrado público que garantizasen la seguridad ciudadana. 

En esos momentos determinadas armas, como las espadas y sables, tenían reservado su uso para la clase noble y la milicia, mientras que el ciudadano de a pie, también necesitaba contar con un instrumento igual de eficaz, entonces surgió la navaja. Era un arma que a pesar de su menor tamaño tenía la ventaja de duplicarlo al abrirse, a la vez que pesaba menos, eso la hacía más llevadera y fácil de ocultar, y bien afilada con punta aguda, tenía así la navaja asegurada su eficacia.

Es sabido que el punzón o marca grabados en la hoja de los chuchillos y navajas o cualquier otra arma blanca como sables y espadas, no es más que la firma de su autor, ese carácter identificador tuvo su importancia en determinados momentos de la historia. Sin embargo, tanto en Albacete como en la mayoría de España, durante los siglos XVII y XVIII Siglos de Oro de los cuchillos y navajas de Albacete, no se practicaba con frecuencia la marca o punzón de las hojas (excepto en las tijeras de artesanía para sobremesa). Hecho que ayuda muy poco al estudio de los ejemplares conocidos.

Hubo un momento en la historia de la cuchillería de Albacete en el que cayó tan bajo este espléndido arte que estuvo a punto de desaparecer. Esta desaparición de los cuchillos y navajas no estaba ocurriendo sólo en Albacete sino que ocurría por toda España, y algunas de sus causas fueron; el agotamiento de los aceros de Mondragón, la desaparición de los gremios de cuchilleros, la competencia de la cuchillería extranjera, y las normas de los monarcas que acabaron con la fabricación, venta, uso y tenencia de puñales, navajas, dagas, cuchillos, etc.

Una de las prohibiciones fue dictada por Felipe V (Lerma, 21 de diciembre de 1721), en ella se prohibía "el uso de puñales o cuchillos u otras armas blancas", además, se daba por condenado "por el simple hecho de aprehensión con esas armas", con la pena de seis años de presidio si era noble o de galera si era plebeyo. Durante el año siguiente el Consejo de Castilla completó esta orden notificando a los cuchilleros que no fabricasen ese tipo de armas blancas prohibidas y que rompieran las existentes.

A causa de estas y otras disposiciones jurídicas que prohibían el uso de las navajas, dagas, cuchillos y puñales, los premios artesanos albacetenses tuvieron que cerrar sus obradores y dedicarse a otras actividades. Pero, lo cierto es que, con el cierre de los centros cuchilleros de Albacete no cede en absoluto la costumbre de llevar y utilizar navajas. Por ello, aumentó tanto el número de navajas importadas del extranjero, hechos comprobables en el Libro de Comercio de España de 1850 a 1869.

Un hecho curioso es observar como se manifestó el espíritu gregario, de forma que el gremio de cuchilleros de Albacete ubicaron sus talleres alrededor de un barrio. Quizás por la más fácil localización para quien desease encontrar un cuchillo o navaja o cualquier instrumento cortante, por la semejanza de la actividad industrial, económica y comercial, lo cierto es que todos los cuchilleros de Albacete se instalaron en un mismo barrio formado por las calles Zapateros, Puerta de Chinchilla y San Agustín. Allí vivían y convivían maestros, oficiales y aprendices de cuchilleros.

Los cuchilleros de Albacete de los siglos XVII y XVIII ya tenían un contrato pormenorizado donde se establecían las condiciones de trabajo entre el que deseaba formarse, el aprendiz, y el maestro. Se menciona que estos convenios se celebraban todos ante escribano (notario), con firmas de varios testigos, la escritura la contraían tres interventores; el maestro o empresario, el padre o tutor y el aprendiz de cuchillero.

El trato era que el maestro cuchillero se hacía cargo del pupilo mientras durase el aprendizaje, se comprometía a enseñarle el oficio sin dejarse nada, a darle de comer, vestirle, calzarle, cama donde dormir y vida honesta. Al final del período de enseñanza debía darle; un vestido de paño de la tierra, ferreruelo, ropilla, calzones, medias, zapatos, sombrero, camisa y valona, todo debía ser nuevo. No podía echarlo de su casa, si no era por causa justa, porque debería pagarle lo que justamente se le debiera por el tiempo transcurrido.

El aprendiz se obligaba a vivir y servir en casa del maestro cuchillero, no podía irse de su casa y servicio. Si lo hacia y se ausentase, el padre se comprometía a hacerlo volver, a que el aprendiz pierda lo servido y a pagar los daños y prejuicios ocasionados.

Vida dura la del cuchillero, casi siempre anónima en su arte y esfuerzo, dejando su alma y esfuerzo en sus obras para el disfrute y orgullo de los demás.


Autor: www.aceros-de-hispania.com



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